Por Héctor Gueri
El flagelo de la drogadicción no sólo tiene tenebrosas ramificaciones a nivel mundial, sino que, por presentarse bajo el atractivo de una vida alegre, dichosa, despreocupada; logra penetrar y tener preocupante acogida entre los niños, adolescentes y en fin en toda clase de personas que, en su desarrollo emocional y psicológico, no han logrado edificar una personalidad sensata y madura, capaz de resistir a la tentación que la astucia de los "sembradores" del vicio del consumo, les han puesto por delante; para ascender a esos paraísos de fantasía que acaban dañando irremediablemente su sistema nervioso pensante, quedando sometidos para siempre al infortunio de vivir como si en realidad estuvieran muertos.
Si el desenlace no es prematuro, su vida está irremediablemente perdida. Los autores de este infortunio se desparraman por todas partes del mundo y no sólo de los países ricos. El vicio del consumo de la droga discrimina a los muchachos entre ricos y pobres; porque para satisfacer la necesidad de la droga, las víctimas de ese flagelo, recurrirán a todos los medios para agenciarse de dinero para su adquisición y, cuando éste, no está al alcance su mano, recurrirán al robo, al asalto y de ser posible al asesinato para obtenerlo.
El delito del narcotráfico está ligado, no sólo a las secuencias personales del consumidor, sino a otros delitos conexos, sin descartar el de los conocidos "ajustes de cuentas" entre los propios delincuentes.





Relatos de Monos
Libro Raices de Bagua
0 comentarios