(Opinión de cibernauta) En navidad todo en el Perú nos da más pena que siempre porque llega trayendo sus tradicionales incendios en depósitos clandestinos de artefactos pirotécnicos.
Se vive una navidad a veces tonta porque aquí no existe la nieve, ni los trineos, ni los renos, ni las mediecitas rojas que se cuelgan en las chimeneas, (ni las chimeneas), ni Papa Noel, ni Santa Claus ni Taita Noel.
La navidad es la época en que el pabellón de quemados del Hospital del Niño se rebalsa de nenes achicharrados para los que luego habrá que recaudar fondos a fin de hacerles dolorosos transplantes de piel con pellejo de chancho.
En las calles hay más niños escuálidos que nunca, más pordioseros, más ancianos hambrientos, más locos desnudos y, sobre todo, más y más ladrones, muchísimos más desesperados.
Algunos se vuelven locos por comprar pavos, canjear pavos, rellenar pavos, hornear pavos, llenar su maletera con pavos como si el pavo, por lo menos, fuera rico.
El estruendo de los cohetones vuelve locos a los perros que no tienen la culpa de nada.
La noticia clásica es la del menor que –creyendo que eran caramelos- se comió los rascapiés y se murió botando espuma por la boca.
La gente que está más sola en este mundo tiende siempre a suicidarse en nochebuena.
Hay demasiados carros y taxis y combis y custers al mismo tiempo y los choferes necios de siempre se ponen más necios aún y el tráfico en Lima se vuelve –como todo lo demás- un moderno infierno.
La navidad hace creer a los niñitos ricos que se lo merecen absolutamente todo mientras que a los niñitos pobres les deja claro que tendrán un juguete de segunda mano o entregada por manos ajenas. En navidad, algunos niños sufrirán una indigestión,
Condensado de: http://www.peruanosenusa.net/forum






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