En nuestro país pluricultural,
las sociedades rurales asocian de manera directa su cultura y cosmovisión, con
la salud y las enfermedades. El puente que los enlaza es la medicina
tradicional o folklórica. Por ello el dialogo intercultural con estas
poblaciones es indispensable, cuando se quiere implementar políticas o
programas sociales, económicos o de salud. En nuestras comunidades andinas y
amazónicas el cuerpo (sus órganos y fluidos) de las personas está encapsulado
dentro de cosmovisiones (la visión del mundo)
e historias que le da una importancia preponderante por generaciones.
Entonces las políticas de salud
tienen que construirse e implementarse a partir del entendimiento de los
conocimientos y racionalidades de la ruralidad. Esto evitaría conflictos
sociales, agresiones y hasta muertes de los servidores médicos. Esto por
ejemplo ocurrió hace algunos años en una comunidad Awajun, donde médicos
murieron a manos de comuneros, debido a que “rompieron las reglas comunales”,
al hacer tocamientos a sus mujeres para detectar algunos males o inyectarles
inyecciones; actividades normales para los médicos occidentales, que a los ojos
de los Awajún son negativos, porque no se puede tocar a sus mujeres sin el permiso
de los hombres y menos aplicar inyecciones porque según sus creencias se está
introduciendo “cosas malignas” al cuerpo. La importancia del cuerpo en nuestras
comunidades.
A parte de que previamente se tiene que entrar
en un diálogo intercultural, se debería implementar en los centros médicos y
hospitalarios, áreas de medicina alternativa, donde la medicina tradicional de
las localidades rurales sea puesta en valor y permita la afluencia de las
personas rurales a los centros hospitalarios. Un problema de la salud en las
zonas rurales es justamente la poca y limitada afluencia de las personas a los
centros médicos, esto se debe a múltiples factores (económicos y culturales
principalmente).





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