Conforme pasan los
años, Blas Valera, de ser un mito con las investigaciones que se desarrollan a
su entorno, le regresan a la vida, pese a que vive enterrado por más de
cuatrocientos años. En cada hoja de su existencia, encontramos a un hombre
enfrascado entre la ignorancia colectiva y la sabiduría futura. Vemos a un
hombre adelantado a su tiempo y el primer mensajero franco y directo de las
barbaries en la conquista. Hijo de la india Urpay (tórtola), que fue violada a
los 15 años por Alonso Valera, nace entre llactas y runas, el que la historia
lo podría catalogar como el primer cronista peruano, mitad español, mitad
indio, pero indómito a toda dominación.
En un escrito
traducido del cuaderno “Exsul Immeritus Blas Valera Populo Suo”, el mismo narra
su creación humana: “Yo nací en Llauantu en Chachapuya, el día de San Blas del
año del Señor 1545, en tiempos de Paullu Inca, siervo de los hispánicos e indigno
de la estirpe real. Mi madre, la india Urpay (tórtola), hija del hampicamayocis
(curandero) Illavanqa, fue desflorada por el capitán Alonso Valera, que, al
desahogar sus deseos con esta muchacha de quince años, la contagio de una
enfermedad de la piel que le causó muchas llagas en el cuerpo”
“Si para Alonso el mejor lugar
hubiera sido el matadero junto con el marqués, al contrario su hermano Luis,
pues el poseía la virtud de la caridad, tanto que convenció a Alonso a tomar
como esposa a la india Urpay, ya embarazada de mí. Lo que hizo solamente
después de haberla bautizado con el nombre cristiano de Francisca y después de
que, para mayor escarnio, se cambiara el bárbaro apodo Piri por Pérez.”
Una parte dolorosa de la narración
biográfica, Blas sigue “Pero ¿Qué alegría podía disfrutar en esta vida, si
siempre la idea de la muerte estaba presente en su corazón? Y por respeto a su
memoria me callo de las injurias a las cuales Alonso la cometió, pero nunca su
muerte. Alonso el mujeriego para con todas las mujeres indias, aquél sábado
decidió pretender de su esposa, legitimada por la Santa Iglesia, lo que le era
debido. Mi madre huyó de casa para no sucumbir a sus deseos. Entonces, Alonso
se transformó en verdugo traspasándole el vientre con una espada. Ella cayó sin
vida al suelo y él la dejó morir en su propia sangre”.
Esta introducción dolorosa de su
infante vida, hace que Blas Valera, asuma con realismo su papel de hijo y asuma
más adelante la carrera de sacerdote, pero no para el servicio de la
cristianización; si no para iniciar el proceso de libertad de su pueblo, como
hijo del Tahuantinsuyo. “Como dentro sentía vejez, entendí que para morir tenía
que vivir, para servir a la causa de mi gente, entre en la Compañía de Jesús a
los 23 años”. (Manuel Cabañas)






Relatos de Monos
Libro Raices de Bagua
0 comentarios