Apenas si había conciliado el sueño
durante la tarde. Los pies llagados y algunas heridas en la pantorrilla,
producidas por ramas secas, fueron cubiertas por hojas proporcionadas por los
compañeros campesinos del lugar. Cuando el cielo se oscureció y comenzaron a
aparecer las primeras estrellas, fue despertado por el campesino para continuar
la marcha. Wálter se restregó los ojos y de un salto se puso de pie. Cogió su
mochila, se puso el poncho y salió. Afuera el frío era tan intenso que
congelaba los pies y la nariz. El campesino lo tomó del brazo animándolo a
seguir.
-Tiene que continuar, compañero,
aprovechar que soldados han salido por diferente camino -dijo el campesino sofocado.
-Sí, compañero -contestó Wálter-.
Vamos.
Y comenzaron a caminar introduciéndose
por caminos y senderos legendarios que solo conocían los campesinos desde
tiempos remotos. Llevaban así doce noches seguidas, turnándose los guías según
el lugar donde llegaban.
Era admirable el trabajo político y
de compenetración con las masas campesinas realizado por la guerrilla del
comandante Secretario General. Wálter lo estaba comprobando personalmente,
cuando en medio del bombardeo feroz y la arremetida de los rangers, él estaba
siendo trasladado secretamente y durante las noches de pueblo en pueblo, de
comunidad en comunidad, disfrazado de campesino, para cumplir con el objetivo
señalado por el Secretario General de llegar a Lima a reorganizar el aparato de
coordinación del Movimiento, desmantelado con la prisión de sus principales
dirigentes. (Carlos Flores Borja)
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Relatos de Monos
Libro Raices de Bagua
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